Salsas y moles, un viaje de sabor

La salsa molcajetada del día puede llevar tomate, chile, ajo y un toque de sal: pocos ingredientes, mucho carácter. Las salsas crudas, en cambio, celebran el golpe limpio del chile verde o el perfume del cilantro. Cada mesa encuentra su equilibrio entre fuego y frescura.
Los moles llevan el relato más largo: chiles secos, semillas, chocolate, especias y tiempo. No se trata solo de “mezclar”, sino de tostar en el punto justo, moler con paciencia y ajustar el caldo hasta que la salsa abrace la carne o el pollo.
Probar distintas regiones es probar historias distintas: un mole negro oaxaqueño no compite con uno poblano; conviven. En ambos casos, el viaje de sabor merece sentarse, acompañar con arroz o tortillas recién hechas y dejar que el plato marque el ritmo de la comida.
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